lunes, 18 de agosto de 2014

Desde Suiza,con amor.

— Estar enamorado es una excursión. Querer a alguien es un viaje que llevabas años deseando hacer y finalmente, el avión despega. —

Érase una vez, en una litera de albergue, un joven que se debatía en cómo contarle al mundo lo mucho que le gustaba la persona a la que quería.
Empezó escribiendo lo típico:
la sonrisa tan abierta que a él le abría el corazón y a ella le cerraba los ojos. Bonitos, pero esa no es la palabra. Tanto que hacían que mereciese la pena besar sin cerrarlos. Esa peca tan bien situada, al lado de la nariz, a media altura sobre la boca. Él, que algo de astronomía sabía porque le había enseñado su papá de pequeño, descubrió pronto aue la estrella polar aue todo el mundo quiere ver en la osa menor la tenía ella. Ahí, bajo el ojo. Y que al igual que de día el Sol no deja ver constelaciones, no era que la estrella estuviese apagada, sino que cuando la miraba a ella entera, brillaba demasiado.

No. No sólo le gustaba así.

Esos labios que no sólo se dejaban morder, sino que mordían, ese camino hacia abajo, que descendía por el cuello pero aun siendo cuesta abajo era una escalada. Tramo a tramo; con campamento base en sus pezones a los que siempre se moría de ganas de volver, porque aun sabiendo la maravilla que es la cima, a todo el mundo le cuesta marcharse de un hotel de cinco estrellas. El tramo más complicado de la ascensión quizá fuese atreverse a separar la lengua de la piel.

Tampoco. No había hablado aún de lo que había por dentro.

Pero no. Escribir está bien para los poetas. Para los cuentos de princesas. Para hablar a cualquiera de cualquier otro. Para contarle al mundo que tenía el pelo rojo, que antes era rubia, que probablemente fuese la mujer más bonita del mundo, o que eso era lo que se creía él.

Para decir lo que quería decir él... bueno, lo cierto es que tampoco necesitaba compartirlo con nadie. La verdad es que ella era lo mejor que nadie podría escribir nunca sobre la persona a la que tanto quería.

lunes, 30 de junio de 2014

Si ves una rubia, corre.

Nos encanta sentirnos más seres humanos que animales. Supongo que es el mismo tipo de impulso que nos lleva buscar cosas en las que somos exclusivos: "este color de ojos, este lunar en la punta del dedo, lo bien que toco el piano, lo duro que tengo el corazón...". Nos encanta ser especiales, aunque nos horroriza ser diferentes al resto; creo que tiene que ver con la lucha entre la instintiva búsqueda de formar parte de la manda y el razonamiento de creer ser mejores por ser únicos. Un agradable caos muy curioso metido en nuestra cabecita al que creo tener derecho de culpar de la existencia de la cultura/movimiento/moda jister.
A mi que soy muy jister, por ejemplo (no porque sea un egocéntrico enamorado del hablar de uno mismo, que quizá): me encanta sentirme muy animal. Principalmente para creerme diferente a todos los que se piensan seres humanos. También hay una componente importante de ecologismo. Y por supuesto, porque los animales se mueven por instintos; y si existe una autoexcusa incluso mejor que el alcohol, es el poder de la naturaleza.
Veamos, yo soy fiel creyente de la naturaleza, del cambio climático, de la homeopatía y de que los delfines se masturban yendo en la estela de los barcos. Del Big Bang ya menos porque es más cansado de pensar y soy mentalmente vago. Si un ratón sabe que si se asoma cuando se oye un ulular de búho se gana un viaje volando, si una polilla sabe que tiene que ir hacia la luz porque le espera la cachonda de Entre fantasmas, si un pez sabe que si después de saltar cae fuera del agua más le vale volver, y todos acaban muriendo; y ninguno de ellos es racional sino que hay una misteriosa fuerza en su cabeza (misteriosa mis cagaos) que les hace pensar todo eso ¿por qué yo, simple humano, no voy a funcionar igual con las rubias? ...."Sal corriendo inepto patán".... Y no. Si hubiese nacido oso, no me pasaría, culpa de los instintos, o de la naturaleza. Eso si, mi madre se habría llevado un disgusto considerable.

En resumen, que somos naturaleza por mucho que lo intentemos ocultar. Y viendo lo que nos importa el medio ambiente; o nos gusta autodestruirnos, lo cual significa que nos va el sado-maso (que me da muy mal rollo), o tenemos que echarle la culpa a algún instinto raro. Yo en las reflexiones de esta noche me quedo con esta solución.
No me preguntéis mañana que probablemente esté mucho más persona y lo niegue todo.