La ironía de pájaros cantando al otro lado de la ventana, de conciencias tranquilas al volver la esquina, de sombras que aunque te siguen, creen que no están haciendo nada mal.
Hay veces que te sientes estúpido y que por mucho que lo intentes no te vas a dormir, que las seis cuerdas de la guitarra se te quedan cortas para cantar tu incomodidad y que al tratar de alargarlas lo único que consigues es sonar desafinado.
Al frigorífico le da por ponerse a enfriar, el vecino de arriba encuentra la solución a sus problemas golpeando el suelo como si quisiese reanimarlo, una visita no deja de hacer ruido en la puerta de enfrente y los pájaros, como si no supiesen que tú sigues aquí, no dejan de cantar.
Y porfin, duermes.
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